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· Miguel Rodríguez

Tres hurras por Presidencia del Gobierno

Presentamos treinta páginas a una invitación del Gobierno de Canarias para su campaña de Navidad. Nos respondieron con cincuenta y dos palabras. Tres motivos para celebrarlo.

En julio, la Viceconsejería de Comunicación y Relaciones con los Medios de Presidencia del Gobierno de Canarias nos invitó a presentar una propuesta para la campaña institucional de Navidad 2026. Es una campaña que conocemos bien: la hemos ganado varias veces. Nos presentamos, como siempre, con todo. Y como no todo en esta vida puede ser queja, hoy quiero dedicar tres hurras a quien la convocó.

Hurra por la eficiencia

La documentación se entregaba el viernes antes de las 11:00. El lunes a las 13:00 ya teníamos la resolución en el correo, con la aclaración de que se habían valorado todas las propuestas.

Hagamos cuentas. Del viernes a las 11:00 al cierre de la jornada hay unas cuatro horas. El lunes, de 8:00 a 13:00, cinco más. En total, nueve horas hábiles. Seamos generosos y supongamos ocho propuestas de unas veinticinco páginas cada una: doscientas páginas de conceptos, piezas, planes de producción y razonamiento estratégico. Eso deja algo más de una hora por propuesta para leerla, entenderla, compararla con las demás, deliberar, redactar la resolución y notificarla. Menos de tres minutos por página.

Hay equipos que tardan más en decidir dónde van a comer. Aquí se decidió la comunicación navideña de todo un archipiélago. Salvo que alguien renunciara a su fin de semana para leernos, claro. En ese caso el hurra es doble: por la eficiencia y por el sacrificio.

Hurra por la transparencia

Nuestra propuesta tenía treinta páginas: investigación, concepto, desarrollo de piezas, plan de producción y el razonamiento que lo unía todo. La respuesta tenía cincuenta y dos palabras, saludo incluido. La reproduzco entera, porque cabe:

Buenas tardes,
Una vez valoradas todas las propuestas recibidas les informamos que, en esta ocasión, su agencia no ha sido la seleccionada. Desde la Dirección General y la Viceconsejería de Comunicación y Relaciones con los medios, agradecen el trabajo e implicación y ruegan lo trasladen al resto del equipo.
Un cordial saludo

Menos de dos palabras por página. El correo no dice quién ha ganado, ni por qué, ni qué se valoró, ni cómo, ni en qué se quedó corta nuestra propuesta. Y no lo dice porque no hace falta: cuando una decisión es tan evidente, explicarla sería casi faltarle al respeto a la inteligencia del lector.

Hay que reconocerles la capacidad de síntesis. Nosotros necesitamos treinta páginas para explicar una idea. Ellos resolvieron un concurso entero con un párrafo que sirve para cualquier agencia, cualquier campaña y cualquier año. No lleva fecha, ni nombre, ni una sola palabra sobre la Navidad. Es un texto reutilizable. Hurra también por la sostenibilidad.

Eso sí, agradecen nuestro trabajo e implicación y nos ruegan que se lo traslademos al equipo. Trasladado queda.

Hurra por el buen gusto

Hubo un tiempo en que esta campaña se licitaba como un concurso público con dos lotes: uno para la creatividad y otro para los medios. Tenía lógica, porque una campaña es una sola cosa: lo que se dice y dónde se dice. Hoy los medios siguen saliendo a concurso, pero la creatividad llega por invitación y se adjudica como contrato menor.

Uno podría pensar que fue la prisa, que a alguien se le echó el calendario encima y hubo que improvisar. Pero la invitación de este año llegó en julio, con la Navidad a cinco meses vista. Y la fórmula no es nueva: lleva años funcionando así. Un despiste dura una tarde, no varias campañas. Esto es una decisión meditada, que se renueva cada verano. Y hay que aplaudirla, porque es valiente.

Un concurso es un engorro. Obliga a publicar de antemano los criterios de adjudicación. Tiene una parte objetiva que se resuelve con fórmulas y otra subjetiva que alguien tiene que puntuar y justificar por escrito en un informe técnico. Y encima los que pierden pueden preguntar por qué. Demasiado papeleo para algo tan sencillo como elegir una idea.

El contrato menor lo resuelve con elegancia. No necesita baremo, ni fórmula, ni un informe que explique por qué gana quien gana. Basta con abrir las propuestas y aplicar el criterio más antiguo del mundo: me gusta, no me gusta. Es el método con el que todos elegimos camisa por la mañana. ¿Por qué no usarlo para decidir cómo le habla el Gobierno de Canarias a más de dos millones de personas?

Lo curioso es que el mismo organismo que confía en su gusto para las ideas no se fía de él para los medios. Ahí sí hay concurso, con sus criterios, sus fórmulas y sus puntuaciones. Será que dónde va un anuncio es cosa seria, y lo que dice el anuncio, no tanto.

Y ahora, en serio

Nada de esto va contra la agencia ganadora, a la que felicito sin ironía. Va contra un sistema que pide a varios equipos profesionales semanas de trabajo gratuito y lo resuelve en una mañana, con un correo que no explica nada. Una idea para una campaña institucional no se improvisa: se investiga, se discute, se tira a la basura tres veces y se defiende en treinta páginas. Ese trabajo merece, como mínimo, que alguien se tome el tiempo de leerlo y de explicar su decisión. Y la comunicación del Gobierno de Canarias merece un procedimiento a la altura del dinero público que se invierte en ella.

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